
La estupidez humana
octubre 22, 2011Como tengo la inmensa suerte de poder coger el metro cada día a las ocho de la mañana para ir trabajar, muchas veces soy testigo de situaciones que muestran lo peor del ser humano. Veo cosas que no os gustaría ver a ninguno de vosotros que vais montados en burro al trabajo, creedme.
El otro día, sin ir más lejos, estaba en la estación de metro de Sagrera. No me preguntéis qué hacía allí porque venía de follar. Normalmente sólo suelo coger la línea amarilla que es la que más me gusta, pero necesitaba coger la azul porque la amarilla no me deja en el curro. Da igual, al grano: el metro olía como el colon de un mapache muerto, supongo, no sé porque nunca he olido a un mapache, ni mucho menos, a su colon. Dejadme. Olía mal, a pedo -me pregunto con qué se ducha la gente por la mañana para ir a trabajar, ¿con pedos?-. Estaba yo inmersa en estos pensamientos cuando se creó esta situación:
Entraron una mujer y su hijo adolescente. Creo -esto no es broma- que el niño tenía un retraso, no estaba bien, no, de verdad, tenía un comportamiento no acorde con su edad. La acción fue la siguiente: el niño entró corriendo en el vagón para poder sentarse y, con la suerte que tienen los tontos, va y encuentra un asiento, y otro al lado. Por supuesto el adolescente se sentó de inmediato y dijo: “mami, mami, mira! siéntate”. Hasta aquí, todo normal, teniendo en cuenta que el niño no estaba bien. Pero en ese momento, se sentó en aquel asiento que el niño había reservado para su madre una chica con un libro en la mano. Tensión.
¿Qué hubierais hecho vosotros de ser la madre? Yo, decirle al niño, “levántate y deja sentar a un anciano” o, en caso de que no hubiera ningún anciano, “da igual”. ¿Y si hubierais sido la chica? Yo no me hubiera sentado. Pero se fueron a juntar el hambre con las ganas de comer. ¿Sabéis qué pasó? Cómo lo vais a saber. Os comento:
Al niño retrasado casi le explota la cabeza, claro, era una situación totalmente fuera de su alcance neuronal. Nunca imaginó que algo así pudiera pasar. Pues bien, la madre le dijo a la chica, ya sentada y con su libro abierto: “Oye, que me iba a sentar yo”. Y la chica, con unos cojonazos como piñas veras y una tranquilidad aplastante, le contestó “lo siento, pero no”. Bajó la mirada y continuó leyendo como si nada. En este punto la madre tuvo un cortocircuito cerebral a la altura del de su hijo tonto, al que ya le empezaba a salir bromera por la boca. Pues bien, la madre, no contenta con la tajante respuesta de la recalcitrante lectora, insistió: “¡pero bueno! ¡Que me estaba guardando el sitio mi hijo!” La chica, alzó otra vez la mirada y dijo: “Lo siento, señora, pero no” y continuó leyendo más ancha que larga. Cuesta de creer pero hubo aún un tercer intento, llevando la incomodidad a un nivel exponencial: “¡Pero bueno! ¡Levántate!” dijo la mujer haciendo alarde de una gran variedad léxica. Sin duda, la respuesta estuvo a la altura y en la línea de las otras respuestas: “No”.
A todo esto, el niño se quedó sentado y empezó a hablar de bollos -por supuesto el niño estaba gordo-, la madre, de pie, indignadísima, buscando las miradas empáticas -que no encontró, por cierto- de los otros hastiados pasajeros y la chica continuó leyendo con sus cojonazos bien pegados al asiento.

Entonces dudé del retraso del hijo. 8 de la mañana. Tócate los huevos.

Muy muy fan de la chica lectora! Como se nota que era la única que sabía leer de los tres…
El otro día volviendo a casa por la tarde noche después de un día de mierda de uni/trabajo/laboratorio me encontré sentado al lado de unas chonis prototípicas. Estuve un poco más de cuatro paradas a su lado y no entendí nada. Usaban un idioma paralelo, o un cerebro paralelo directamente. Si aun viviera Feliz Rodríguez de la Fuente el fauna ibérica de hoy estaría ambientado en el transporte público, donde cada uno saca lo peor de si mismo.
Ay Maria, quien fuera tu amigo, el de Sagrera!
¡Que ovarios! Yo soy la chica y muero del miedo…
Por cierto soy Pérfida
Un saludo coleguita
[...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos La estupidez humana alomejormedalarisa.com/2011/10/22/la-estupidez-humana/ por ailian hace [...]
Pues no veo nada raro. Dos personas que se creen con derechos adquiridos, y que opinan que los otros deben subyugarse a sus deseos. Todo normal, es la sociedad actual. Véase políticos, famosos de la TV, etc. para otros ejemplos de este tipo de discusiones y comportamientos. Con el agravio de que, si te dejas pisotear, te queda el sanbenito de tonto.